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Tercer Arquero

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En el fútbol y en la vida: recordar es vivir

En momentos de aislamiento físico, confirmo por qué el hombre es un animal de costumbres, pero ante todo constato, que su cerebro está cimentado en recuerdos, y que casi siempre, por simple instinto de autoconservación, estos son en su mayoría buenos, aunque en realidad no lo hayan sido; así, por simple lógica natural, los recuerdos buenos predominan y ayudan a olvidar a los malos, basándose por supuesto en las propias experiencias.

30 Abr 2020 10:12Por: canalrcn.com

Entonces, dentro de lo poco que nos ofrece este ridículo acontecimiento del momento, aparece entonces una oportunidad única para evocar el pasado y la memoria, donde recordar puede convertirse en almíbar para una herida aún abierta y sin rastros de sanar todavía, sustentada en un método simple: la repetición sistemática y compulsiva de partidos de fútbol legendarios o trágicos, malos o intensos y que de acuerdo al estado de ánimo del momento, coincide en necesitar alguna inyección urgente de algo: alegría, nostalgia o tristeza, con un básico propósito: encender chispas de nuevo.  

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Para tal fin, la cartelera televisiva ofrece una oferta —apenas justa a mi gusto— de píldoras para combatir el pernicioso virus usándolas en diferentes dosis y frecuencias, de acuerdo al momento y situación de cada paciente. Ahora, para todos los futboleros enfermos por estos días, en fase casi terminal, esta emisión de imágenes se convierte en fuente vital de energía, del mismo calibre del oxígeno y la comida. Las instrucciones al respaldo para su uso, son elementales:  repasar, repetir y volver a sentir.

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Luego de elegir el momento —o sea el partido—, y seguramente incluyendo un previo cruce de miradas, una inquisidora y la otra cuestionada, surgen breves instantes de tensión con tendencia a volverse paisaje:   

—Mira, la ‘peli’ que te comenté. Tiene pinta de ser buena. Es con la vieja que te gusta —me replica con entusiasmo mi compañera, ofreciéndome su celular, y señalando una imagen donde alcanzo a ver algo sólo de reojo.

—Si claro, la podemos ver mañana; ya va a comenzar la final.  —le respondo lentamente, sin hacer contacto visual, mientras me acomodo en el sofá.

—Ese partido ya lo has dos veces esta semana. No creo que haya cambiado el marcador —me dice irónicamente con algo de razón pero también de compasión.

—Tu sabes que lo necesito. —Le digo fríamente mientras mi semblante cambia al ver la salvadora imagen.

Y así transcurren los días.

Por supuesto tener el objetivo claro genera una actitud que podría convencer al enemigo, pero el camino no es tan cristalino en sus procedimientos o métodos para lograr tan anhelado permiso —dependiendo por supuesto de la situación conyugal o familiar del momento—, y como si fuera poco, se constituye en un delicado asunto —de vida o muerte, incluso más que eso—, sí frente a dicha necesidad imperiosa la respuesta es negativa o entorpecedora,  ya que podría generar un aumento de la presión arterial, trasladándose a frecuentes y repentinos cambios —negativos—en el estado de ánimo. Cuestión de mucho cuidado.

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El cine y la literatura también gozan de tan noble facultad de alterar realidades; la licencia de acceso es válida para cualquier mortal, donde repetir un capítulo, episodio o momento y traerlo a tiempo presente para sentirse vivo otra vez, pueda ser alivio para algunos de los males del alma, como los de ahora; no en vano, García Márquez lo menciona en alguno de sus textos como frase de básica de batalla:  “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”; frente a ello, no queda más que refugiarse en un balón, a pesar de que cada tiro al arco, nos haya parecido haberlo visto antes.

Por: Carlos Andrés Jiménez Silva - cajimesil@gmail.com -  @CarlosAWay

 

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